Mientras las personas sigan dentro de sus rutinas de tránsito cotidianas, nos dimos a la tarea de buscar editoriales para exponer el porque no estamos listos (La mayoría), a estar en cuarentenas de casa… Las crisis como aprendizajes para no caer en falsas soluciones.
#QuédateenCASA, es una suplica que hacemos desde #MDI, #MundosDigitalesICONO. La pandemia pone de manifiesto el alcance de las desigualdades sociales y la enorme tendencia a la concentración de la riqueza que existe en el planeta. Esto no constituye una novedad, pero sí nos lleva a reflexionar sobre las salidas que han tenido otras crisis globales. En esa línea, la crisis global que aparece como el antecedente más reciente, aun si tuvo características diferentes, es la de 2008. Causada por la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, la crisis fue de orden financiero y se trasladó a otras partes del mundo para convertirse en una convulsión económica de proporciones globales. También persiste como el peor recuerdo en cuanto a la resolución de una crisis, cuyas consecuencias todavía estamos viviendo. Salvo excepciones, los gobiernos organizaron salvatajes de grandes corporaciones financieras, incluyendo a los ejecutivos de estas, que emergieron al final de la crisis más ricos que nunca.
Así, en términos sociales y a escala mundial, la reconfiguración fue regresiva. Suele decirse que la economía volvió a recuperarse, pero el 1% de los más ricos pegó un salto y la brecha de la desigualdad creció. Recordemos el surgimiento del movimiento Occupy Wall Street, en 2011, cuyo lema era «Somos el 99%». Millones de personas perdieron sus casas en el mundo y quedaron sobreendeudados y sin empleo, la desigualdad se profundizó, los planes de ajuste y la desinversión en salud y educación se expandieron por numerosos países, algo que ilustra de manera dramática un país como Grecia, pero que se extiende a países como Italia, España e incluso Francia.
En vísperas del Foro de Davos, en el pasado enero de 2020, un informe de Oxfam consignaba que de solo «2.153 milmillonarios que hay en el mundo poseen más riqueza que 4.600 millones de personas (60% de la población mundial)». En términos políticos globales, produjo enormes movimientos tectónicos, ilustrados por la emergencia de nuevos partidos y liderazgos autoritarios en todo el mundo: una derecha reaccionaria y autoritaria, que incluye desde el Tea Party hasta Donald Trump, desde Jair Bolsonaro hasta Scott Morrison, desde Matteo Salvini hasta Boris Johnson, entre otros.
Por otro lado, (Nada que ver con la pandemia, y mucho menos con las «Cuarentenasde abril 2020″ si hasta hace pocos años se consideraba que América Latina marchaba a contramano del proceso de radicalización en clave derechista que hoy atraviesan parte de Europa y Estados Unidos, con sus consecuencias en términos de aumento de las desigualdades, xenofobia y antiglobalismo, hay que decir que, en los últimos tiempos, nuevos vientos ideológicos recorren la región, sobre todo luego de la emergencia de Bolsonaro en Brasil y el golpe en Bolivia. A esto hay que añadir que América Latina, si bien sobrevivió en pleno «Consenso de los Commodities» a la crisis económica y financiera de 2008 gracias al alto precio de las materias primas y la exportación a gran escala, poco logró conservar de aquel periodo de neoextractivismo de vacas gordas. En la actualidad, continúa siendo la región más desigual del mundo (20% de la población concentra 83% de la riqueza), es la región donde se registra un mayor proceso de concentración y acaparamiento de tierras (gracias a la expansión de la frontera agropecuaria), además de ser la zona del mundo más peligrosa para activistas ambientales y defensores de derechos humanos (60% de los asesinatos a defensores del ambientes, cometidos en 2016 y 2017, ocurrieron en América Latina) y, por si fuera poco, es la región más insegura para las mujeres víctimas de femicidio y violencia de género.
Así, la resolución de la crisis de 2008 y sus efectos negativos se hacen sentir hoy con claridad. Estas salidas, que acentuaron la concentración de la riqueza y el neoliberalismo depredador, deben funcionar hoy como un contra-ejemplo eficaz y convincente para apelar a propuestas innovadoras y democráticas que apunten a la igualdad y la solidaridad. Al mismo tiempo, deberían hacernos reflexionar acerca de que ni siquiera aquellos países del Sur que durante el «Consenso de los Commodities» sortearon la crisis y aprovecharon la rentabilidad extraordinaria a través de la exportación de las materias primas, utilizando las recetas del neoextractivismo, funcionaron ni pueden presentarse como la encarnación de un modelo positivo.
En las imágenes exponemos concentraciones en EEU (NYC), así como en regiones diferentes de España, donde el hecho se quedarse en casa, no es una prioridad de la sociedad civil…
No creen que sea su problema… Para algunos, el covid-19 parece un problema lejano que enfrentan los residentes de ciudades populosas o países extranjeros. Es triste, sí, pero no es su carga. Las personas que viven en comunidades donde la infección no es generalizada o los funcionarios no han impuesto bloqueos, pueden estar menos dispuestos a distanciarse de los demás, dijo Steven Taylor, psicólogo clínico y autor de “La psicología de las pandemias”, una mirada histórica a cómo la gente responde a tales crisis.
“Tal vez es una ilusión [de su parte], pero las personas están minimizando la importancia, tal vez porque no están viendo a las personas en sus comunidades contagiarse con el virus”
Están aturdidos… El coronavirus está creando lo que Taylor llama una “infodemia”. Cuando lo que consumen las personas de los medios de comunicación, las fuentes de las redes sociales y las conversaciones con sus seres queridos consisten en nada más que covid-19, pueden volverse insensibles a su gravedad…
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En ICONO Los medios pasan de informar a conectar, van más allá de las fronteras entrelazando sus contenidos con una fusión directa sobre sus audiencias. Hoy la evolución se concentra en temas de conectividad, de intercambio de información dinámicos, clicks, links, redes… todo en imágenes, multimedia de gadget y relaciones interpersonales que dejan atrás las reglas y fronteras tal y como se conocen en los últimos 20 siglos.